domingo, 24 de marzo de 2019

¿Qué es lo virtual? Segunda Parte


Wilson Urueta 06/03/2019
¿Qué es lo virtual?
Resumen del libro ¿Qué es lo virtual? de Pierre Lévy. 

Segunda Parte


Lo virtual en el texto

 
Si bien, paradójicamente, leer y escuchar es empezar a subestimar, a desleer o a despejar el texto. Hay que entender «texto» en su sentido más general: discurso elaborado o propósito deliberado. Jerarquizar y seleccionar áreas de sentido, establecer enlaces entre estas zonas, conectar el texto con otros documentos, acomodarlo a una memoria que forma el fondo sobre el cual se separa y al cual reenvía, son, en efecto, las funciones del hipertexto informático. Las relaciones entre la escritura (tecnología intelectual) y la memoria (función cognitiva) están ahí para dar testimonio de ello.
La llegada de la escritura ha acelerado el proceso de artificialización, de exteriorización y de virtualización de la memoria que, sin duda, empezó con la hominización.
Virtualización y no simple prolongación, es decir separación parcial de un cuerpo viviente, puesto en común, heterogénesis. No podemos reducir la escritura al registro de la palabra. En cambio, concibiendo como concebimos el recuerdo como un registro, ha transformado el rostro de Mnemosis. En efecto, lo escrito marca una distancia entre el saber y su sujeto. Así, quizá porque no soy más que lo que sé, puedo cuestionarlo.
Virtualizante, la escritura desincroniza y deslocaliza. Hace surgir un dispositivo de comunicación en el que los mensajes, muy a menudo, se separan en el tiempo y en el espacio de su fuente de emisión, y, en consecuencia, se reciben fuera de contexto.
La memorización digital es una potencialización, la visualización de datos una realización.
Un hipertexto es una matriz de textos potenciales, de los cuales sólo algunos se realizarán como resultado de la interacción con un usuario. No se debería hablar de imágenes virtuales para calificar las imágenes digitales, sino de imágenes posibles visualizadas.
Lo virtual sólo aparece con la entrada de la subjetividad humana en la secuencia textual, cuando del mismo movimiento surgen la indeterminación del sentido y la propensión de! texto a significar. Tensión que resolverá la lectura mediante una actualización, es decir una interpretación.
Una vez distinguidos con claridad estos dos planos, el del par potencial-real y el del par virtual-actual, urge subrayar su envoltorio recíproco: la digitalización y las nuevas formas de visualización del texto sobre pantalla nos interesan, porque aportan otros modos de leer y de comprender.
El ordenador, por tanto, es un operador de potencialización de la información. En efecto, el hipertexto no se deduce lógicamente del texto fuente. Es el resultado de una serie de decisiones: ajuste del tamaño de los nodos o módulos elementales, disposición de las conexiones, estructura de la interface de navegación, etc. En el caso de una hipertextualización automática, estas opciones (la invención del hipertexto) tendrán lugar a nivel de la concepción y de la selección del programa.
Un pensamiento se actualiza en un texto y un texto en una lectura (una interpretación). Remontando esta pendiente de la actualización, el paso al hipertexto es una virtualización.
Hoy se está inventando un nuevo arte de la edición y de la documentación, que intenta aprovechar mejor una nueva velocidad de navegación entre masas de información que se condensan en volúmenes cada día más estrechos. Abordamos aquí el proceso de la virtualización propiamente dicho, que a menudo equilibra la exterioridad y la interioridad, en este caso la interioridad del autor y la condición «ajena», exterior, del lector en relación al texto.
Estos puntos de vista subjetivos se manifiestan, en particular, en los enlaces hacia el exterior asociados a las home pages (o página inicial) establecidas por el individuo o el grupo. En el ciberespacio, dado que cualquier punto es directamente accesible desde cualquier otro punto, existirá una tendencia creciente a reemplazar las copias de documentos por enlaces hipertextuales: basta que el texto exista físicamente una sola vez en la memoria de un ordenador conectado a la red para que sea recogido, gracias a un juego de indicadores, en miles, incluso millones de recorridos diferentes o de estructuras semánticas distintas. A partir de las home pages y de los hiperdocumentos en línea, se puede seguir el hilo a diversos universos subjetivos. Digitalmente, la distinción entre el original y la copia había perdido toda pertinencia desde hace tiempo. Ahora, el ciberespacio mezcla las nociones de unidad, de identidad y de localización.
Los dispositivos hipertextuales en las redes digitales han desterritorializado el texto, han hecho emerger un texto sin fronteras claras, sin interioridad definible. ¿Es necesario subrayarlo? Las formas económicas y jurídicas heredadas del período precedente impiden hoy que este movimiento de desterritorialización llegue a su término.
Ya no me intereso en lo que ha pensado un autor ilocalizable, sino que le pido al texto que me haga pensar, aquí y ahora. La virtualidad del texto, de hecho, alimenta mi inteligencia. La virtualización, lejos de aniquilar el texto, parece hacerlo coincidir con su esencia desvelada de repente. Es como si la virtualización contemporánea cumpliese el destino del texto, como si saliésemos de una cierta prehistoria y la aventura del texto se acabara de iniciar, como si, en definitiva, acabáramos de inventar la escritura.

La economía información y el conocimiento principal fuente de producción de riqueza.

La economía contemporánea es una economía de la desterritorialización o de la virtualización.Si a! volumen de negocios del turismo propiamente dicho se le añade el de las industrias que fabrican vehículos (coches, camiones, trenes, metros, barcos, aviones, etc.), los carburantes para los vehículos y las infraestructuras (rutas, aeropuertos, etc.) se concluye que casi la mitad de la actividad económica mundial está al servicio del transporte.
Los medios de comunicación electrónicos y digitales no sustituyen el transporte físico, muy por el contrario, comunicación y transporte, como ya lo hemos destacado anteriormente, forman parte de la misma ola de virtualización general. Poderoso sector de la salud —medicina y farmacia—, tal como hemos dicho en un capítulo precedente, virtualiza los cuerpos.
De un modo más general, la primacía creciente de la economía monetaria y de los imperativos financieros es una de las manifestaciones más incuestionables de la virtualización actual. En cifras absolutas, el mayor mercado del mundo es el propio mercado monetario, el mercado de cambio, que es más importante que el de obligaciones y acciones. En efecto, hoy en día, la información y el conocimiento son la principal fuente de producción de riqueza.
Nuevas técnicas o nuevas configuraciones socioeconómicas pueden, en todo momento, poner en cuestión el orden y la importancia de los conocimientos. Se ha pasado, por lo tanto, de la construcción de saberes estables, que constituían el segundo plano de la actividad, al aprendizaje permanente, a la navegación continua en un conocimiento que, a partir de ahora, se destaca en el primer plano. En lo sucesivo, las informaciones y los conocimientos figurarán entre los bienes económicos primordiales, lo que no ha sido siempre así.
Además, su posición como infraestructura —se habla de infraestructura—, origen o condición determinante para todas las otras formas de riqueza se ha hecho evidente, mientras que antes permanecía en la penumbra. Consumirlos no los destruye y cederlos no significa perderlos. Quien da un saco de harina, un coche, una hora de trabajo o una suma de dinero pierde algo en beneficio de otro. Cuando se fabrica harina, se circula en coche, se explota el trabajo de un obrero o se gasta dinero, se cumple un proceso irreversible: desgaste, desembolso, transformación y consumo. La economía se apoya ampliamente en el postulado de la escasez de los bienes. La misma escasez se funda en el carácter destructor del consumo, así como en la naturaleza exclusiva o privativa de la cesión y la adquisición. Ahora bien, si yo le transmito a usted una información, no la pierdo, y si la utilizo, no la destruyo. Hablando con rigor, las materias primas son los únicos bienes puramente materiales. El conocimiento y la información no son «inmateriales » sino desterritorializados; lejos de estar exclusivamente relacionados a un soporte privilegiado, pueden viajar.
Según la teoría matemática de la comunicación, una información es un acontecimiento que reduce la incertidumbre respecto a un entorno dado. Intuitivamente, percibimos que la información está vinculada a una probabilidad subjetiva de enunciación o de aparición: un hecho enteramente previsible no nos enseña nada, mientras que un acontecimiento sorprendente nos aporta una auténtica información. ¿Por qué el consumo de una información no es destructiva y su posesión no es exclusiva? Porque la información es virtual.

La resolución inventiva de un problema

Por otro lado, recordemos que lo virtual se puede asimilar a un problema y lo actual a una solución. La actualización no es, por lo tanto, una destrucción sino, por el contrario, una producción inventiva, un acto de creación.
Toda puesta en práctica efectiva de un saber es una resolución inventiva de un problema, una pequeña creación. La realización sólo confiere existencia a ciertas posibilidades en detrimento de otras. Los posibles son candidatos y no un ámbito problemático; la realización es una elección o una selección y no una resolución inventada de un problema. El bien virtual plantea un problema, abre un campo de interpretación, de resolución o de actualización, mientras que un entorno de posibles sólo se presta a una única realización. Como potencial de realidad, el bien destructivo y privativo no puede estar, a la vez, aquí y allá, separado del aquí y ahora: está regido por la ley del tercero excluido: o bien... o bien... Si eso no fuera así, se podría realizar de dos maneras diferentes en dos lugares y dos momentos distintos, lo que, por definición, es... imposible. Cada efecto mental o cultural generado por una de estas actualizaciones es, a su vez, una actualización del cuadro.

El hombre, descalificado, es reemplazado por la máquina.

A la fuerza de trabajo del asalariado clásico —un potencial— le sucede, por tanto, una competencia, un saber ser, incluso un saber llegar a ser, que realza lo virtual. Como toda virtualidad, y a diferencia del potencial, la competencia, cuando no se utiliza, no se desgasta, sino todo lo contrario. Sólo existe un inconveniente: la actualización de la competencia, es decir la eclosión de una cualidad en un contexto vivo, es mucho más difícil de medir que la realización de una fuerza de trabajo. ¿Cómo evaluar la reserva de la inteligencia? Desde luego, no por el título de licenciatura. En el ámbito del trabajo, al igual que en otros, la virtualización nos hace vivir el paso de una economía de las sustancias a una economía de los acontecimientos. El salario remuneraba el potencial, los nuevos contratos de trabajo recompensan lo actual.



En la economía del futuro, las sociedades ganadoras reconocerán y mantendrán prioritariamente lo virtual y a sus portadores vivos. En efecto, las inversiones tienen dos vías para aumentar la eficacia del trabajo: o bien la cosificación de la fuerza de trabajo por medio de la automatización, o bien la virtualización de las competencias por medio de dispositivos que incrementan la inteligencia colectiva. Sustitución: el hombre, descalificado, es reemplazado por la máquina. En cambio, en el camino de la virtualización, se concibe el aumento de eficacia en términos de coevolución hombre-máquina, de enriquecimiento de las actividades, de acoplamientos cualificantes entre las inteligencias colectivas y la memoria dinámica de los colectivos. Las nociones clásicas de mercado y de trabajo están en plena mutación.
Este fenómeno recibe el nombre de «desintermediación». Las instituciones y oficios debilitados por la desintermediación y el aumento de la transparencia sólo podrán sobrevivir y prosperar en el ciberespacio realizando un traslado de competencias hacia la organización de la inteligencia colectiva y la ayuda a la navegación.
El ciberespacio es el medio por excelencia donde los actos se pueden registrar y transformar en datos explotables. Los productos y servicios más valorizados en el nuevo mercado son interactivos; es decir, en términos económicos, que la producción de valor añadido se desplaza hacia el lado del «consumidor», o más bien que hace falta sustituir la noción de consumo por la de coproducción de mercancías o de servicios interactivos.

La inteligencia colectiva

El «productor» habitual (docente, editor, periodista, productor de programas de televisión, etc.) lucha, por tanto, para no verse relegado al rol de simple proveedor de materia prima. Este perfeccionamiento se persigue en dos direcciones: tránsito de un derecho territorial a un derecho de flujo y tránsito del valor de cambio al valor de uso. Antes de su lectura, la información que se desplaza en el ciberespacio no es potencial sino virtual, en la medida en que toma significados diferentes e imprevisibles según se inserte en uno u otro hiperdocuinento. Virtual porque lo que está en juego no es la realización (copia, impresión, etc.), sino la actualización, la lectura, es decir la significación que puede tomar en un contexto dado, significación indisociable de la participación deliberada de un ser humano consciente.
En el ciberespacio, la virtualidad e intangibilidad del documento son idénticas a las de las ideas que contiene. Si todos los actos pudieran ser captados, transmitidos, integrados en secuencias de regulación, reenviados a sus productores y, de este modo, participasen en una mejor información global de la sociedad en sí misma, la inteligencia colectiva experimentaría una mayor mutación cualitativa.
Esta perspectiva, en la práctica, sólo es posible desde la existencia de los microprocesadores, de los nanocaptores, de la informática distribuida en red, funcionando en tiempo real y provista de interfaces (imágenes, voz, etc.).
Este sistema de integración, medición y regulación —una especie de «metamercado» integrado al ciberespacio— es ante todo el instrumento de evaluación cooperativa de criterio múltiple y distribuido por la misma sociedad. La virtualización de los cuerpos, de los mensajes y de la economía evidencia un movimiento contemporáneo mucho más generalizado hacia lo virtual. 



 La virtualización y la materialización



La especie humana ha emergido a raíz de tres procesos de virtualización: el desarrollo de los lenguajes, la abundancia de técnicas y la creciente complejidad de las instituciones. El lenguaje, en primer lugar, virtualiza un «tiempo real» que mantiene a los vivos prisioneros del aquí y ahora. A partir de la invención del lenguaje, nosotros, los humanos, habitamos en un espacio virtual —el flujo temporal tomado como un todo— que el presente inmediato sólo actualiza de un modo parcial y efímero. Existimos.



La virtualización, repitámoslo una vez más, no va forzosamente acompañada de una desaparición. Por el contrario, a menudo acarrea un proceso de materialización. Más que una extensión del cuerpo, una herramienta es una virtualización de la acción.
La humanidad surge a partir de tres procesos de virtualización. El primero está vinculado a los signos: la virtualización del tiempo real. El segundo, a las técnicas: la virtualización de las acciones, del cuerpo y del entorno físico. El tercer proceso crece con la complejidad de las relaciones sociales: para designarlo de la manera más sintética posible, diremos que se trata de la virtualización de la violencia.

REFERENCIA

LIBRO ¿Qué es lo virtual? De Pierre Levy.








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