Wilson Urueta 06/03/2019
¿Qué es lo virtual?
Resumen del libro ¿Qué es lo virtual? de Pierre Lévy.
Primera parte
El actor nos
plantea que lo virtual es el problema en tanto que lo actual es la solución. La desterritorialización se refiere
a la pérdida de territorio, pugnas de poder; en la que se condena a vivir en
sitios indiferenciados, donde se rompe toda relación con la historia y la
memoria de los lugares, en el cual existe una amnesia territorial, que puede
significar extrañeza y desculturización.
Lo real estaría en el orden del «yo lo tengo», en tanto que lo
virtual estaría dentro del orden del «tú lo tendrás», o de la ilusión, lo que
generalmente permite utilizar una ironía fácil al evocar las diversas formas de
virtualización.
En la
filosofía escolástica, lo virtual es aquello que existe en potencia pero no en
acto. Lo virtual no se opone a lo real sino a lo actual: virtualidad y
actualidad sólo son dos maneras de ser diferentes.
Lo posible ya está constituido, pero se mantiene en el limbo. Lo
posible se realizará sin que nada cambie en su determinación ni en su
naturaleza. Es un real fantasmagórico, latente. Lo posible es idéntico a lo real; sólo le falta la existencia.
Lo virtual reclama un
proceso de resolución: la actualización.
La semilla «es» el problema, pero no es sólo
eso, lo cual no significa que «conozca» la forma exacta del árbol que,
finalmente, extenderá su follaje por encima de ella. Teniendo en cuenta los
límites que le impone su naturaleza, deberá inventarlo, coproducirlo en las
circunstancias de cada momento.
Por un lado, la entidad lleva y produce sus
virtualidades: un acontecimiento, por ejemplo, reorganiza
una problemática anterior y puede ser objeto de interpretaciones diversas. Por
otro lado, lo virtual constituye la
entidad: las virtualidades inherentes a un ser, su
problemática, el vínculo de tensiones, presiones y proyectos que las animan, así
como las cuestiones que las motivan constituyen una parte esencial de su
determinación.
De lo actual a lo virtual
La actualización es creación, invención de
una forma a partir de una configuración dinámica de fuerzas y finalidades. Lo real se
asemeja a lo posible; por el contrario, lo actual no se parece en nada a lo
virtual: le responde.
La diferencia entre la realización (ocasión de un posible
predefinido) y la ¿qué es la virtualización? No nos
referimos a lo virtual como manera de ser, sino a la virtualización como
dinámica. La virtualización puede definirse como el
movimiento inverso a la actualización. Consiste en el paso de lo actual
a lo virtual, en una «elevación a la potencia» de la entidad considerada.
Actualización (invención de una solución exigida por una problemática
compleja) ha quedado bien clarificada. La virtualización no es una
desrealización sino una mutación de identidad, un desplazamiento del centro de
gravedad ontológico del objeto considerado: en lugar de definirse
principalmente por su actualidad (una «solución»), la entidad encuentra así su
consistencia esencial en un campo problemático.
La virtualización de una empresa
Tomemos el caso, muy contemporáneo, de la «virtualización» de una
empresa. La organización clásica reúne a sus empleados en el mismo edificio o
en un conjunto de establecimientos. Cada uno de los empleados ocupa un puesto
de trabajo situado en un lugar preciso y su empleo del tiempo define su horario
de trabajo. Una empresa virtual, por el contrario, hace un uso masivo del
teletrabajo, tendiendo a reemplazar la presencia física de sus empleados en los
mismos locales por la participación en una red de comunicación electrónica y a usar
recursos informáticos que favorecen la cooperación.
El centro de gravedad de la empresa no es ya un conjunto de establecimientos,
de puestos de trabajo y de reparto del tiempo, sino un proceso de coordinación
que, redistribuye,
siempre de un modo diferente, las coordenadas espacio-temporales
del colectivo de trabajo y de cada uno de sus miembros en función de diversas
reglas coactivas.
La actualización iba de un problema a una solución. La virtualización
pasa de una solución dada a un (otro) problema. Transforma la actualidad
inicial en caso particular de una problemática más general, en la que está
integrada, desde ahora, el acento ontológico. Lo virtual, a menudo, «no está
ahí».
La empresa virtual ya no se puede situar con precisión. Sus
elementos son nómadas, dispersos, y la pertinencia de su posición geográfica ha
decrecido enormemente. El libro de Michel Serres, Atlas, ilustra el
tema de lo virtual como «fuera de ahí». La imaginación, la memoria, el
conocimiento y la religión son vectores de virtualización que nos han hecho
abandonar el «ahí» mucho antes que la informatización y las redes digitales.
La virtualización reinven-ta una cultura nómada, no mediante un
retorno al paleolítico ni a las antiguas civilizaciones de pastores, sino
creando un entorno de interacciones sociales donde las relaciones se reconfiguran
con un mínimo de inercia.
La desterritorialización
Cuando una persona, una colectividad, un acto, una información se
virtualizan, se colocan «fuera de ahí», se desterritorializan. Una especie de
desconexión los separa del espacio físico o geográfico ordinario y de la
temporalidad del reloj y del calendario. Una vez más, no son totalmente
independientes del espacio-tiempo de referencia, ya que siempre se deben apoyar
sobre soportes físicos y materializarse aquí o en otro sitio, ahora o más
tarde. Y sin embargo la virtualización les ha hecho perder la tangente. Sólo
recortan el espacio-tiempo clásico en esto y ahí, escapando de sus
trivialidades «realistas»; ubicuidad, simultaneidad, distribución fragmentada o
masivamente paralela.
La sincronización reemplaza la unidad de lugar, la interconexión
sustituye a la unidad de tiempo. Pero, a pesar de ello, lo virtual no es
imaginario. Produce efectos.
Los operadores más desterritorializados, los más apartados de
raíces espacio-temporales precisas, los colectivos más virtualizados y virtualizantes
del mundo contemporáneo son los de la tecnociencia, las finanzas y los medios
de comunicación. También son los que estructuran la realidad social con mayor
fuerza, incluso con mayor violencia.
Tipo de nómadas
La multiplicación contemporánea de los espacios hace de nosotros
un nuevo tipo de nómadas: en lugar de seguir líneas errantes y migratorias
dentro de una extensión dada, saltamos de una red a otra, de un sistema de
proximidad al siguiente. Los espacios se metamorfosean y bifurcan bajo nuestros
pies, forzándonos a la heterogeneidad. La
invención de nuevas velocidades constituye el primer grado de la
virtualización. La aceleración de las comunicaciones es contemporánea al enorme
crecimiento de la movilidad física. Se trata, de hecho, de la misma ola de
virtualización. Las personas que más telefonean son también quienes conocen a
más gente. Repitámoslo, el crecimiento de la comunicación y la generalización
del transporte rápido participan del mismo movimiento de virtualización de la sociedad,
de la misma tensión de salir de «ahí».
Del mismo modo que la ecología opuso el reciclado y las
tecnologías adaptadas al despilfarro y a la polución, la ecología humana deberá
oponer el aprendizaje permanente y la valorización de las competencias a la
descalificación y a la acumulación de desechos humanos (los llamados
«excluidos»),
Otra de las características asociadas a menudo con la
virtualización, además de la desterritorialización, es el paso del interior al
exterior y del exterior al interior. Este «efecto Moebius» se desarrolla en diversos
ámbitos: en las relaciones entre público y privado, propio y común, subjetivo y
objetivo, mapa y territorio, autor y lector, etc. El miembro de la empresa
tradicional pasaba del espacio privado de su domicilio al espacio público de su
lugar de trabajo, El teletrabajador, en cambio, transforma su espacio privado
en público y viceversa.
Gestión electrónica
Los límites no son evidentes. Los lugares y los tiempos se
mezclan. Las fronteras nítidas dan lugar a una fractualización de los repartos.
También se cuestionan las mismas nociones de privado y público. Ahora bien,
precisamente, es eso lo que empieza a representar un problema, ya que entre el asalariado
clásico con contrato indefinido, el asalariado con contrato por un período
determinado, el empleado temporal, el beneficiario de medidas sociales, el
miembro de una empresa asociada, o cliente o proveedora, el consultor eventual,
el independiente afiliado, se extiende una continuidad. Y por cada punto de
esta continuidad, a cada instante se replantea la pregunta: «¿Para quién estoy trabajando?».
Los sistemas interempresariales de gestión electrónica de
documentos, como los grupos de proyectos comunes en diversas organizaciones,
establecen vínculos más fuertes entre colectivos mixtos que aquellos que unen
pasivamente a personas que pertenecen oficialmente a la misma entidad jurídica.
La puesta en común de los recursos, de las informaciones y de las competencias
provoca esta especie de indecisión o de indistinción activa, estas secuencias
de reversión entre exterioridad e interioridad.
Las cosas sólo tienen límites claros en lo real. La virtualización, pasaje
a la problemática, desplazamiento del ser sobre la cuestión; necesariamente
pone en tela de juicio la identidad clásica, pensada con la ayuda de
definiciones, de determinaciones, de exclusiones, de inclusiones y de terceros
excluidos. Es por esto que la virtualización es siempre heterogénea,
volverse otro, proceso de recepción de la alteridad. No hace falta,
evidentemente, confundir la heterogeneidad con su opuesto cercano y amenazante,
su hermana enemiga, la alienación, que yo caracterizaría como cosificación,
reducción a la cosa, a lo «real».
La tele-presencia
De la socialización de las funciones somáticas al autocontrol de los
afectos o del humor por medio de la bioquímica industrial, nuestra vida física
y psíquica pasa a través de una «exterioridad» cada vez más compleja donde se
entremezclan circuitos económicos, institucionales y tecnocientíficos. La
proyección de la imagen del cuerpo está asociada generalmente a la noción de
tele-presencia. Pero la tele-presencia es mucho más que la simple proyección de
la imagen.
El teléfono, por ejemplo, funciona como un dispositivo de tele-presencia,
puesto que no sólo transmite una imagen o una representación de la voz, sino
que transporta la propia voz. El teléfono separa la voz (o cuerpo sonoro) del
cuerpo tangible y la transmite a distancia. Mi cuerpo tangible está aquí, mi
cuerpo sonoro, desdoblado, está aquí y allá. El teléfono actualiza una forma parcial
de ubicuidad, y el cuerpo sonoro de mi interlocutor se encuentra, asimismo,
afectado por ese mismo desdoblamiento. En el ámbito de lo virtual, el análisis
y la reconstrucción del cuerpo ya no implican dolor ni muerte. Una vez virtualizado,
el cuero se vuelve permeable. Hoy en día, el sexo y casi el rostro de los niños
se conocen antes de que hayan nacido.
Cada nuevo aparato añade un estilo de piel, un cuerpo visible al cuerpo
actual. El organismo es puesto del revés como si fuera un guante. El interior
pasa al exterior manteniéndose, de todos modos, dentro, pues la piel también es
el límite entre uno mismo y el exterior. Por medio de la tele-presencia y de
los sistemas de comunicación, los cuerpos visibles, audibles y sensibles se
multiplican y se dispersan hacia el exterior. Nos trasplantan corazones de
babuinos e hígados de cerdo, e incluso se nos suministran hormonas producidas
por bacterias. Ahora, los ojos (las córneas), el esperma, los óvulos, los
embriones y, sobre todo, la sangre están socializados, mutualizados y se conservan
en bancos especializados.
La constitución de un cuerpo colectivo y la participación de los individuos
en esta comunidad física usó durante mucho tiempo mediaciones puramente
simbólicas o religiosas: «Esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre». Hoy emplea
medios técnicos. Virtualizándose, el cuerpo se multiplica. La virtualización
del cuerpo no.es, por tanto, una desencarnación sino una reinvención, una
reencarnación, una multiplicación, una vectorización, una heterogénesis de lo
humano. No obstante, el límite entre la heterogénesis y la alienación, la
actualización y la cosificación comercial, la virtualización y la amputación
nunca está trazado definitivamente. Mi cuerpo personal es la actualización
temporal de un enorme hiper-cuerpo híbrido, social y tecno-biológico.
REFERENCIAS
-LIBRO ¿Qué es lo virtual? De Pierre Levy.
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