Wilson Urueta 06/03/2019
¿Qué es lo virtual?
Resumen del libro ¿Qué es lo virtual? de Pierre Lévy.
Segunda Parte
Lo virtual en el texto
Si bien, paradójicamente, leer y escuchar es empezar a
subestimar, a desleer o a despejar el texto. Hay que entender «texto» en su sentido
más general: discurso elaborado o propósito deliberado. Jerarquizar y
seleccionar áreas de sentido, establecer enlaces entre estas zonas, conectar el
texto con otros documentos, acomodarlo a una memoria que forma el fondo sobre
el cual se separa y al cual reenvía, son, en efecto, las funciones del
hipertexto informático. Las relaciones entre la escritura (tecnología
intelectual) y la memoria (función cognitiva) están ahí para dar testimonio de
ello.
La
llegada de la escritura ha acelerado el proceso de artificialización, de
exteriorización y de virtualización de la memoria que, sin duda,
empezó con la hominización.
Virtualización y no simple
prolongación, es decir separación parcial de un cuerpo viviente, puesto en común,
heterogénesis. No podemos reducir la escritura al registro de la palabra. En
cambio, concibiendo como concebimos el recuerdo como un registro, ha transformado
el rostro de Mnemosis. En efecto, lo escrito marca una distancia entre el saber
y su sujeto. Así, quizá porque no soy más que lo que sé, puedo cuestionarlo.
Virtualizante, la escritura
desincroniza y deslocaliza. Hace surgir un dispositivo de comunicación en el
que los mensajes, muy a menudo, se separan en el tiempo y en el espacio de su
fuente de emisión, y, en consecuencia, se reciben fuera de contexto.
La memorización digital es una potencialización,
la visualización de datos una realización.
Un hipertexto es una matriz de textos
potenciales, de los cuales sólo algunos se realizarán como resultado de la
interacción con un usuario. No se debería hablar de imágenes virtuales para
calificar las imágenes digitales, sino de imágenes posibles visualizadas.
Lo virtual sólo aparece con la entrada
de la subjetividad humana en la secuencia textual, cuando del mismo movimiento
surgen la indeterminación del sentido y la propensión de! texto a significar.
Tensión que resolverá la lectura mediante una actualización, es decir una
interpretación.
Una vez distinguidos con claridad
estos dos planos, el del par potencial-real y el del par virtual-actual, urge
subrayar su envoltorio recíproco: la digitalización y las nuevas formas de
visualización del texto sobre pantalla nos interesan, porque aportan otros
modos de leer y de comprender.
El ordenador, por tanto, es un
operador de potencialización de la información. En efecto, el hipertexto
no se deduce lógicamente del texto fuente. Es el resultado de una serie
de decisiones: ajuste del tamaño de los nodos o módulos elementales, disposición
de las conexiones, estructura de la interface de navegación, etc.
En el caso de una hipertextualización automática, estas opciones (la
invención del hipertexto) tendrán lugar a nivel de la concepción y de la
selección del programa.
Un pensamiento se actualiza en un
texto y un texto en una lectura (una interpretación). Remontando esta pendiente
de la actualización, el paso al hipertexto es una virtualización.
Hoy se está
inventando un nuevo arte de la edición y de la documentación, que intenta aprovechar
mejor una nueva velocidad de navegación entre masas de información que se
condensan en volúmenes cada día más estrechos. Abordamos aquí el proceso de la
virtualización propiamente dicho, que a menudo equilibra la exterioridad y la
interioridad, en este caso la interioridad del autor y la condición «ajena»,
exterior, del lector en relación al texto.
Estos puntos de vista subjetivos se
manifiestan, en particular, en los enlaces hacia el exterior asociados a las home
pages (o página inicial) establecidas por el individuo o el grupo. En el
ciberespacio, dado que cualquier punto es directamente accesible desde
cualquier otro punto, existirá una tendencia creciente a reemplazar las copias
de documentos por enlaces hipertextuales: basta que el texto exista físicamente
una sola vez en la memoria de un ordenador conectado a la red para que sea
recogido, gracias a un juego de indicadores, en miles, incluso millones de
recorridos diferentes o de estructuras semánticas distintas. A partir de las home
pages y de los hiperdocumentos en línea, se puede seguir el hilo a diversos
universos subjetivos. Digitalmente, la distinción entre el original y la copia
había perdido toda pertinencia desde hace tiempo. Ahora, el ciberespacio mezcla
las nociones de unidad, de identidad y de localización.
Los dispositivos
hipertextuales en las redes digitales han desterritorializado el texto,
han hecho emerger un texto sin fronteras claras, sin interioridad definible. ¿Es
necesario subrayarlo? Las formas económicas y jurídicas heredadas del período precedente impiden hoy que
este movimiento de desterritorialización llegue a su término.
Ya no me intereso en lo que ha pensado
un autor ilocalizable, sino que le pido al texto que me haga pensar,
aquí y ahora. La virtualidad del texto, de hecho, alimenta mi inteligencia. La
virtualización, lejos de aniquilar el texto, parece hacerlo coincidir con su
esencia desvelada de repente. Es como si la virtualización contemporánea
cumpliese el destino del texto, como si saliésemos de una cierta prehistoria y
la aventura del texto se acabara de iniciar, como si, en definitiva, acabáramos
de inventar la escritura.
La economía información
y el conocimiento
principal fuente de producción de
riqueza.
La economía contemporánea es una
economía de la desterritorialización o de la virtualización.Si a! volumen de negocios
del turismo propiamente dicho se le añade el de las industrias que fabrican
vehículos (coches, camiones, trenes, metros, barcos, aviones, etc.), los carburantes
para los vehículos y las infraestructuras (rutas, aeropuertos, etc.) se
concluye que casi la mitad de la actividad económica mundial está al servicio
del transporte.
Los medios de comunicación
electrónicos y digitales no sustituyen el transporte físico, muy por el
contrario, comunicación y transporte, como ya lo hemos destacado anteriormente,
forman parte de la misma ola de virtualización general. Poderoso sector de la
salud —medicina y farmacia—, tal como hemos dicho en un capítulo precedente,
virtualiza los cuerpos.
De un modo más general, la primacía
creciente de la economía monetaria y de los imperativos financieros es una de
las manifestaciones más incuestionables de la virtualización actual. En cifras
absolutas, el mayor mercado del mundo es el propio mercado monetario, el mercado
de cambio, que es más importante que el de obligaciones y acciones. En efecto,
hoy en día, la información y el conocimiento son la principal fuente de
producción de riqueza.
Nuevas técnicas o nuevas
configuraciones socioeconómicas pueden, en todo momento, poner en cuestión el
orden y la importancia de los conocimientos. Se ha pasado, por lo tanto, de la
construcción de saberes estables, que constituían el segundo plano de la
actividad, al aprendizaje permanente, a la navegación continua en un
conocimiento que, a partir de ahora, se destaca en el primer plano. En lo
sucesivo, las informaciones y los conocimientos figurarán entre los bienes
económicos primordiales, lo que no ha sido siempre así.
Además, su posición como
infraestructura —se habla de infraestructura—, origen o condición determinante
para todas las otras formas de riqueza se ha hecho evidente, mientras que antes
permanecía en la penumbra. Consumirlos no los destruye y cederlos no significa
perderlos. Quien da un saco de harina, un coche, una hora de trabajo o una suma
de dinero pierde algo en beneficio de otro. Cuando se fabrica harina, se
circula en coche, se explota el trabajo de un obrero o se gasta dinero, se
cumple un proceso irreversible: desgaste, desembolso, transformación y consumo.
La economía se apoya ampliamente en el postulado de la escasez de los bienes.
La misma escasez se funda en el carácter destructor del consumo, así como en la
naturaleza exclusiva o privativa de la cesión y la adquisición. Ahora bien, si
yo le transmito a usted una información, no la pierdo, y si la utilizo, no la
destruyo. Hablando con rigor, las materias primas son los únicos bienes puramente
materiales. El conocimiento y la información no son «inmateriales » sino
desterritorializados; lejos de estar exclusivamente relacionados a un soporte
privilegiado, pueden viajar.
Según la teoría matemática de la
comunicación, una información es un acontecimiento que reduce la incertidumbre
respecto a un entorno dado. Intuitivamente, percibimos que la información está vinculada
a una probabilidad subjetiva de enunciación o de aparición: un hecho
enteramente previsible no nos enseña nada, mientras que un acontecimiento
sorprendente nos aporta una auténtica información. ¿Por qué el consumo de una
información no es destructiva y su posesión no es exclusiva? Porque la
información es virtual.
La resolución
inventiva de un problema
Por otro lado, recordemos que lo
virtual se puede asimilar a un problema y lo actual a una solución. La actualización
no es, por lo tanto, una destrucción sino, por el contrario, una producción
inventiva, un acto de creación.
Toda puesta en práctica efectiva de un
saber es una resolución inventiva de un problema, una pequeña creación. La
realización sólo confiere existencia a ciertas posibilidades en detrimento de
otras. Los posibles son candidatos y no un ámbito problemático; la realización
es una elección o una selección y no una resolución inventada de un problema.
El bien virtual plantea un problema, abre un campo de interpretación, de
resolución o de actualización, mientras que un entorno de posibles sólo se
presta a una única realización. Como potencial de realidad, el bien destructivo
y privativo no puede estar, a la vez, aquí y allá, separado del aquí y ahora:
está regido por la ley del tercero excluido: o bien... o bien... Si eso no
fuera así, se podría realizar de dos maneras diferentes en dos lugares y dos
momentos distintos, lo que, por definición, es... imposible. Cada efecto mental
o cultural generado por una de estas actualizaciones es, a su vez, una
actualización del cuadro.
El hombre,
descalificado, es reemplazado por la máquina.
A la fuerza de trabajo del asalariado
clásico —un potencial— le sucede, por tanto, una competencia, un saber ser,
incluso un saber llegar a ser, que realza lo virtual. Como toda virtualidad, y
a diferencia del potencial, la competencia, cuando no se utiliza, no se
desgasta, sino todo lo contrario. Sólo existe un inconveniente: la
actualización de la competencia, es decir la eclosión de una cualidad en un
contexto vivo, es mucho más difícil de medir que la realización de una fuerza de
trabajo. ¿Cómo evaluar la reserva de la inteligencia? Desde luego, no por el
título de licenciatura. En el ámbito del trabajo, al igual que en otros, la
virtualización nos hace vivir el paso de una economía de las sustancias a una economía
de los acontecimientos. El salario remuneraba el potencial, los nuevos
contratos de trabajo recompensan lo actual.
Este fenómeno recibe el nombre de
«desintermediación». Las instituciones y oficios debilitados por la desintermediación
y el aumento de la transparencia sólo podrán sobrevivir y prosperar en el
ciberespacio realizando un traslado de competencias hacia la organización de la
inteligencia colectiva y la ayuda a la navegación.
El ciberespacio es el medio por excelencia
donde los actos se pueden registrar y transformar en datos explotables. Los
productos y servicios más valorizados en el nuevo mercado son interactivos; es
decir, en términos económicos, que la producción de valor añadido se desplaza
hacia el lado del «consumidor», o más bien que hace falta sustituir la noción
de consumo por la de coproducción de mercancías o de servicios
interactivos.
La inteligencia
colectiva
El «productor» habitual (docente,
editor, periodista, productor de programas de televisión, etc.) lucha, por
tanto, para no verse relegado al rol de simple proveedor de materia prima. Este
perfeccionamiento se persigue en dos direcciones: tránsito de un derecho
territorial a un derecho de flujo y tránsito del valor de cambio al valor de
uso. Antes de su lectura, la información que se desplaza en el ciberespacio no
es potencial sino virtual, en la medida en que toma significados diferentes e
imprevisibles según se inserte en uno u otro hiperdocuinento. Virtual porque lo
que está en juego no es la realización (copia, impresión, etc.), sino la
actualización, la lectura, es decir la significación que puede tomar en un
contexto dado, significación indisociable de la participación deliberada de un
ser humano consciente.
En el ciberespacio, la virtualidad e intangibilidad
del documento son idénticas a las de las ideas que contiene. Si todos los actos
pudieran ser captados, transmitidos, integrados en secuencias de regulación,
reenviados a sus productores y, de este modo, participasen en una mejor
información global de la sociedad en sí misma, la inteligencia colectiva experimentaría
una mayor mutación cualitativa.
Esta perspectiva, en la práctica, sólo
es posible desde la existencia de los microprocesadores, de los nanocaptores,
de la informática distribuida en red, funcionando en tiempo real y provista de interfaces
(imágenes, voz, etc.).
Este sistema de integración, medición
y regulación —una especie de «metamercado» integrado al ciberespacio— es ante
todo el instrumento de evaluación cooperativa de criterio múltiple y
distribuido por la misma sociedad. La virtualización de los cuerpos, de los
mensajes y de la economía evidencia un movimiento contemporáneo mucho más
generalizado hacia lo virtual.
La virtualización y
la materialización
La especie humana ha emergido a raíz
de tres procesos de virtualización: el desarrollo de los lenguajes, la
abundancia de técnicas y la creciente complejidad de las instituciones. El
lenguaje, en primer lugar, virtualiza un «tiempo real» que mantiene a los vivos
prisioneros del aquí y ahora. A partir de la invención del lenguaje, nosotros,
los humanos, habitamos en un espacio virtual —el flujo temporal tomado como un
todo— que el presente inmediato sólo actualiza de un modo parcial y efímero. Existimos.
La virtualización, repitámoslo una vez
más, no va forzosamente acompañada de una desaparición. Por el contrario, a
menudo acarrea un proceso de materialización. Más que una extensión del cuerpo,
una herramienta es una virtualización de la acción.
La humanidad surge a partir de tres
procesos de virtualización. El primero está vinculado a los signos: la virtualización
del tiempo real. El segundo, a las técnicas: la virtualización de las acciones,
del cuerpo y del entorno físico. El tercer proceso crece con la complejidad de
las relaciones sociales: para designarlo de la manera más sintética posible, diremos
que se trata de la virtualización de la violencia.
REFERENCIA
LIBRO ¿Qué es lo
virtual? De Pierre Levy.